jueves, 1 de julio de 2010

17 de Junio de 2010 – Tomaste el vaso aquél…


Imágenes borrosas. Estoy despierto pero me pesa el cuerpo. Luz artificial sobre la cara. Entreabro los ojos, estoy viendo la Avenida Independencia detrás del vidrio. Escucho voces a mi alrededor, todavía viajo en el colectivo 56. No recuerdo bien qué pasó, sólo unos tragos en Kilkenny con Jorge. Pienso que falta poco para llegar pero tengo mucho sueño y mis ojos se cierran sin remedio.

Vuelvo a abrir los ojos, el colectivo casi se vació. Me siento más despierto que antes, todavía aturdido miro a ambos lados. Reconozco una autopista a la izquierda, Dellepiane. Parece Capital todavía. Me levanto y siento el mareo en todo su esplendor. Flashes de la noche: recuerdo haberle contestado mal a mi novia. Bajo rápido del colectivo y alcanzo a leer un cartel que dice Miralla. Miro el reloj, las 23.20. Que alivio no haber dormido hasta Aldo Bonzi…

Reconozco la zona, la ventaja de tener un amigo en Lugano. Sé que del otro lado pasan varios colectivos para pegar la vuelta. Cruzo el puente peatonal ya sin mareos, pero con ráfagas de AC-DC en la cabeza. Recuerdo haber hablado largo rato con Jorge, terapia de a dos, tragso de por medio. El Chivas Poker me saluda desde adentro, pero estoy bien. Lejos de vomitar, reconozco que pude haber parado antes pero necesitaba largar entripados. Los autos pasan a alta velocidad por Dellepiane mientras llego a la otra vereda. Se me va el 56; no estoy entero como para correrlo y menos para alcanzarlo, no coordino lo suficiente. Media hora de espera garantizada.

Veo al final de la cuadra una agencia de remises y gente saliendo de un restaurante. ‘’Que bueno que hay movimiento’’ ‘’Tengo más opciones para volver’’, voy pensando antes de toparme con la parada del 56. Recuerdo el entripado central. Venía de dar un parcial muy malo ante una profesora imposible. Lo había preparado en el escaso tiempo que me dejaba atender a las remodelaciones pre-casorio. Necesitaba dejar atrás el mal momento. Pero no era sólo eso. Al igual que Jorge, amigo y ex compañero de trabajo, necesitábamos un momento de terapia. No era la primera vez que sacábamos nuestras miserias, copas de por medio, a modo de terapia improvisada.

Miro mejor la cuadra, con ese tiempo extra que otorga el intuir que la espera no será corta. También paran el 7 y el 36. A esta altura de la noche cualquier colectivo sirve. Quiero llegar a casa y dormir, cerrar este día de mierda. Me conformo pensando que un mal día lo tiene cualquiera. Pero tengo la sensación de que este día fue malo por algo más. Instintivamente tomo el celular, repaso los mensajes. Termino de armar el rompecabezas de esta noche cuando leo:


''gracias por confiar en mí y querer verme para compartir solo tus buenos momentos. Gracias! Seguí disfrutando con tus compas, amigos de la noche. gracias que ellos van a ser los que van a estar a tu lado SIEMPRE. gracias.''


Esta había sido la gota que derramó el vaso, la que me provocó seguir tomando rabioso, hasta el límite. La dulce de mi novia, que ni se acordó que yo rendía parcial. Nos hablamos antes de encontrarme con Jorge. Aún con el molesto día post-examen que tenía, alcancé a averiguarle algunos datos de noche de bodas. Le comenté que necesitaba despejarme y no reaccionó, no en ese momento. Me dijo ‘’me parece bien que te despejes’’. Al rato trató de ubicarme y yo alcancé a decirle que no la escuchaba con el ruido del Kilkenny, que me mandara mensaje. Y, como broche de oro, me había enviado esa ironía como respuesta.

Seguí revolviendo los mensajes. Estaba seguro de haber respondido, pero desconocía qué tan lejos había ido al devolver el insulto. Esto es lo que encontré en la bandeja de enviados:


''gracias por no recordar mis parciales y por compartir con tus viejos mis malos momentos'' ''además, tomarse rivotril para dormir no significa compartir. gracias de nuevo''


Había tenido la lucidez de derrapar y meter los dedos en la llaga al mismo tiempo, aún con alcohol encima. No sentía una pizca de arrepentimiento, llegué a recordar lo defraudado que me sentía por su proceder cuando escribí esas líneas. Ella había elegido el peor día para olvidarse de mí, para torearme sin sentido. Me volvían en oleadas todas las veces que me había fallado; que, en lugar de ponerse de mi lado y mostrar que ‘’los de afuera son de palo’’, se había puesto del lado de sus viejos a repartir palos hacia mí. Me daba vueltas un poco el mundo, mientras seguía esperando el colectivo, dejando fluir la bronca.

Ahora también nos estábamos pareciendo en la desconfianza. Había empezado a creer desde hace un tiempo que siempre me iba a fallar en estos momentos y que no iba a poder contar con ella. ¿Tenía sentido casarse así?¿Podía construir un matrimonio con estas bases, sumándome a su desconfianza innata? Evidentemente nos debíamos sentar y hablar, sacarnos la careta y los miedos detrás de la careta. A lo lejos, el 36. 23.35 en el celular, vino antes de lo que esperaba. Hoy ya no había más margen para hablar nada en caliente. Subo y me acomodo en un asiento doble. Pienso que no tengo que pasarme de donde bajo esta vez, pero no puedo evitar dormirme cuando apoyo la cabeza en la ventanilla.


Darius

De Roma sólo el anagrama

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