jueves, 26 de agosto de 2010

25 de Agosto - Te impongo un Feliz Cumpleaños

Remonto las escaleras del subte hacia la superficie de la estación Scalabrini Ortiz. Son las 7.45 y ya levantó viento. Escala previa en lo de mi novia, antes de pasar por las oficinas anexas del Tribunal de Justicia Suegral. Citación de hoy: cumpleaños de la tía.

Ayer me había escapado como laucha por tirante de una cena en lo de mis suegros, estaba obligado a dormir fuera de casa por refacciones, tenía despeje en Pompeya y no me lo había querido perder por nada, especialmente por el clima espeso. Saludo a mi novia. Veo en ella los mismos signos que había visto ayer, en menor escala: su famoso ''resfrío psicológico'', su mirada autista propia de haberse peleado, su asombrosa cantidad de palabras por minuto (¡menos de 10!) ... dichas muuuuy despacio.

Dejo el bolso (grave error si necesitara escaparme de nuevo), me lavo la cara para disimular lo dormido y desganado que estoy y salimos. Las dos cuadras hasta el departamento de la tía son monótonas. Trato de charlar, de que mi novia largue entripados, pero la conversación no se anima, como si nunca se encendiera el piloto automático. Llegamos y nos abre la tía, con una cara más digna de un velorio que de un cumpleaños. Saludo alegre por su cumpleaños a la tía, mi novia pasa de largo con un ''hola'' murmurado, que se pierde varios decibeles abajo de unas bocinas. Sigue espesándose el merengue.

Desde el pasillo se escucha el tono seco de mi suegra cuchicheando. Entramos. La mesa tiene unos sandwiches de miga, y sobre las sillas mis suegros. Otra mala señal: cuando mis suegros sirven la comida desde temprano suelen buscar ablandar a alguien y pegarle el mazazo cuando hace la digestión y no está con todos sus reflejos. Hay una vecina de visita, habla hasta por los codos, pero yo estoy muy cansado como para disponer de neuronas suficientes a las que les interese siquiera parar la oreja ante los chimentos.

Se va la vecina y la mesa toma su disposición examinadora: los 3 mayores de un lado, mi novia y yo del otro, simulando un estrado. Mi novia sigue autista y apenas ataca los sandwiches, más de lo mismo. Empezamos hablando de enfermedades, de la millonésima vez que la tía predice que se va a morir (este es mi ''último cumpleaños'' dijo hace 5 años cuando la conocí), de unos lunares que se tiene que operar mi suegro, todas cuestiones ligadas al ablande por inspiración de lástima. Creo que animaría el bloque poniendo al Chavo volviendo a su barril, o a Dumbo gimiendo con su madre elefanta enjaulada.

La conversación, deviene en reclamos de consorcio y, subrepticiamente, a mi departamento, objeto de remodelación y último bastión de la ''ayuda'' de mis suegros. Digo ayuda porque, aunque se pinte de otra forma, lo siento como una invasión, como una imposición de hacer las cosas según mi suegro, quien ya hace tiempo se ampara en el ''yo no te impongo'' para después decir una sarta de cosas que traten de despistar, concluyendo abiertamente con un mandato a hacer tal o cual cosa como a él le gusta.

Llegan las empanadas y la tía no puede contenerse. ''Antes no te portabas así'' le lanza a mi novia, herida por el saludo frío de la puerta. ''Ya no sos la chica cálida, cariñosa..'' En el fondo sigue pensando que tiene 9 y no 29 años. Hace tiempo que conozco por situaciones personales a familiares muy mayores que se creen con derecho a hacer y decir lo que se les venga en gana, como ella, teniendo encima la osadía de enojarse si uno le señala de manera cortés que no está en lo correcto. La frase que está diciendo se corta porque nadie le sigue el juego, pero el haberse lanzado de esa forma hace que la bestia muestre los colmillos

Acto seguido hace aparición la torta, sin velas, porque la tía señala que es su último cumpleaños y, por lo tanto, ya no le queda nada por desear. Creo que ni un actuario con 30 años de trayectoria podría establecer semejante predicción. Una vez servida empieza el soliloquio: mi suegra, sin un motivo previo en la fiesta declama en verborragia pura sobre la nena (mi novia) que contesta mal. Insiste una y otra vez sobre mi rol a la hora de contener, como si no fuera su madre, y los demás presentes no conocieran la situación.

En un principio no contesto, conozco el juego. Mi suegra levanta temperatura y trata de arrasar, cualquier interrupción se transforma en insolencia porque no la estaría dejando terminar de hablar. Encadena las palabras (unas 200 por minuto) a velocidad y con indignación. Si embargo, si algún compinche se mete no es interrupción y ese es mi pie de entrada. A los pocos minutos mi suegro trata de despacharse sobre el rol de la experiencia con su cd ''no te impongo'' y lo paro en seco. Empiezo a aludir a que nadie es perfecto, a que la experiencia es intransmisible (''aunque ud. sepa mucho hay cosas que uno las tiene que aprender por prueba y error'') y a que uno aprende equivocándose. Remato indicando que muchas cosas de mi mamá las aprendí y entendí después que ella murió. La muerte siempre genera silencio respetuoso: mi suegro ya no se vuelve a meter en el tema.

Vuelve a tomar la posta mi suegra, en actitud casi pendenciera. Es hora de bajar el tema central. Mi novia amaga una respuesta, pero siente que no va a conseguir nada y que va a contestar muy mal. Se calla y vuelve a su pose autista. Le digo que hay nervios en el ambiente, que uno no se casa todos los días, que la contención también se trata de que ellos no magnifiquen las cosas que pasan. La tía trata de desacreditarme diciendo que ''no se magnifica'' pero nadie sigue su idea. Ella insiste con que el proceder de ella no es correcto, pero también insiste en trasladarme a mí un tema que le corresponde a ella. Al menos se baja del pedestal y reconoce ''que pudieron haberse equivocado y haberla sobreprotegido''. Desconozco ya si es genuino o trata de usar mis argumentos, pero me da pie a retomarlos y forzar a que cambie de tema.

El cambio de tema es otro clásico de mi suegra: digamos que es su último recurso. Cuando ve que no puede avasallar al otro con la fuerza de su argumento y elocución y que el empuje inicial de indignación cede porque el oponente no se desboca y habla con coherencia, entonces intenta dar un rodeo para reagrupar ideas o tomar al otro de sorpresa. En este caso los slogans son ''ojalá tengan hijos que los sepan comprender'' y ''la juventud perdida de hoy que to''. El primero se desestima cuando habla de padres abandonados en geriátricos, cargoseando una vez más sobre la apelación a la piedad y la lástima. El segundo es digno de que saque un walkman y me lo ponga o de dejarla a ella en modo mute. Estructuras gramaticales sin terminar, alusión a hechos que nunca ocurrieron, un cambalache que se sabotea a sí mismo. En ese momento me pongo autista, haciendo una pareja divina con mi novia.

Una vez terminado el cambio, vuelven los restos del tema original a presentar batalla. Antes de eso, me había tomado 2 minutos para desenredar el ovillo de frases de los últimos minutos y rebatirlos punto por punto: ''somos jóvenes estudiantes, laburantes, medianamente responsables y no esa juventud de la que habla'', ''la rectora del Nacional no fue echada por sus alumnos sino por gente mucho más grande en edad''. etc. Dicho esto, no queda intento de batalla y mi suegra ensaya un cierre decoroso, el cual no escucho y al que no contesto, sumido en autismo otra vez.

Con la discusión casi cerrada, mi suegra se sorprendió de que no contestara. Me preguntó si me pasaba algo (tal era mi autismo y su falta de importancia sobre lo que puede sentir el que está enfrente), a lo que respondí seco y sin cambiar de tono ''sí, me parece desubicada semejante perorata en un día que tenía que ser festivo''. Silencio seguido de un tono cordial, muy diferente al de toda la charla, invitando a cerrar la fiesta ''porque los chicos mañana laburan''. Justo ahora se acuerdan, ¿no?

Me sueno en el cuello, en la espalda, tronando todos los huesos que puedo, para mostrar la tensión que genera el Tribunal Suegral tratando así a los demás. Voy a buscar la ropa con la intención de irme. Pretenden enmendar parte de lo hecho ofreciéndome las empanadas que sobran, alguna porción de torta, algún sandwich, migajas que consideran el ''tratamiento correcto'' a un hijo, como soy conceptuado allá. Si mi vieja los viera, tendrían que esconderse en el ventanal del obelisco por semejante atrevimiento. Los saludo rápido y salgo de lo de la tía con mi novia. Escapo, como laucha por tirante, ni miro atrás para saludar. Avanzamos unos pasos y paro. Me sacudo todo el cuerpo y mi novia me dice sorprendida ''¿qué hacés?''. Le contesto natural, ''me saco la mufa, ¿te pareció poco este quilombo?''. Se ríe nerviosa, por no llorar.






jueves, 29 de julio de 2010

6 de Marzo de 2010 - Ensayo sobre la idea de boda sencilla

Esta vez voy a contar una anécdota que trasciende el tiempo, a pesar del marco cronológico que le puse. Ojalá les sirva de guía a quienes todavía no llegaron a este momento. Cuenta la Real Academia Española que existen dos palabras que, en mi opinión, definen una expresión ilusoria, que significa algo distinto a sus partes y a la idea que se desprende de ellas: boda sencilla

Según la Real Academia transcribo:
Boda: Casamiento y fiesta con que se solemniza.
Sencillo/lla:
1 Que está formado por un solo elemento, que no está compuesto de varias partes, simple.
2 Que no presenta ninguna dificultad ni tiene complicación, simple.
3 Que no tiene lujos ni adornos excesivos.

A comienzos de marzo, tuvimos una reunión con mi novia, con forma de charla de bar para despejarnos (eso pensé...mala mía, va de nuevo), en la que surgió la romántica idea de hacer una boda sencilla. Lo que nos inspiró fue la siguiente frase que me dijo ella: ''Me acuerdo que cuando mis padres se casaron (por mis suegros), hicieron algo sencillo, 30 ó 40 personas en casa de mi mamá, y listo. Mi mamá no se casó de blanco porque priorizó no gastar de más y comprar una casa''. Ahora bien, imagino que la sencillez debe ser un concepto muuuy relativo, evaluable según la respuesta a las siguientes cuestiones:

¿A cuántas personas vamos a invitar?

Cuando escuché ese comentario le sugerí que armemos una lista a ojo para ver cuantos invitamos y para ver qué se hacía al respecto. Con el tiempo sucedió que los invitados se fueron multiplicando como conejos y, cuando quisimos acordarnos, cada uno llevaba más que los magros 30 invitados totales del inicio...especialmente ella que casi me dobla en número en la actualidad.

¿Cómo vamos a ir vestidos?

Yo pensé en usar un traje casi nuevo que tengo, el cual usé 2 veces nomás. Sabía que ella pensaba ir de blanco, pero desconozco (y desconoceré hasta el altar) su diseño de vestido por la famosa tradición de sorprender al novio. Espero no caerme de espaldas en el mal sentido cuando la vea...en fin. Pasados 2 meses vino con un recorte de una revista de novias, donde había un supuesto novio luciendo un jacket negro con corte pingüino, chaleco, plastón y galas varias y me dijo ''aaaaaaaaay con esto te verías diviiiino...pero en azul oscuro''. Pensé que eso se iba muy lejos de lo sencillo. En efecto, a los pocos días averigué que hacerlo salía poir lo menos 5 veces el precio de un traje standard y que debería alquilar, lo cual recomiendo si se usa una prenda de etiqueta (léase también levitón, frac, smoking, etc.). No quiero ni preguntar por el vestido de novia. Aún así, de simple no tiene nada.

¿Dónde vamos a hacer la fiesta?

En la idea original había una contradicción: la fiesta sería para pocos, pero habría un salón de alrededor de 200 personas de capacidad. Se puede argumentar que uno pone tabiques y achica el salón. Es cierto. Pero también lo es que a salón más grande (al igual que en una casa) uno más chiches quiere meter para no verlo vacío... y se tienta. Como era de esperar por mi comentario, nos tentamos!

¿Qué vamos a servir?

La verdad es que esta pregunta está atada a cuánta gente se invita. Si uno invita más de 50 personas, la fiesta automáticamente deja de ser sencilla y se convierte en una con todas las tandas de comidas conocidas en un salón, salvo que se elija tener a los que asisten en sillones y/o de pie y se bandejea o se hace alguna suerte de islas de comida durante todo el evento. Los números y la complejidad del evento pasan a depender de la cantidad de mozos necesarios y, por ya estar hablando de un salón, de otros chiches como coordinación con disc jockey, barra, show y otros.

¿Qué música vamos a pasar?

De nuevo, para 30 ó 40, alcanza con una casa, un amigo que se ofrezca a tocar instrumentos o uno más o menos canchero con algún buen equipo de audio. Pasado ese límite es disc jockey, show, karaoke o afín que puedan contratarse, el cual suele cobrar en función de la cantidad de personas y duración del evento, como es de esperarse. Nota: el mismo tratamiento recibe el tema de la barra de tragos, video y fotos: lo que pueden improvisar un par de amigos que conocen (siendo pocos invitados) se vuelve formal y con necesidad de organizarlo, aunque sea poco complejo.

¿Hacemos cotillón?

Desde las míticas épocas de carnavales, y pasando por el más contemporáneo ''carnaval carioca'', siempre se ha buscado adornar el festejo con cornetas, matracas, máscaras, guirnaldas, juguetes, etc. En un comienzo mi novia averiguó cuanto cobraban las casas de cotillón. Los números eran abultados y había que decidir si se hacía en casa o se compraba. La ventaja de comprar es que se tacha una cosa de la lista de quehaceres, pero la desventaja es que se gasta más plata y se puede personalizar menos el diseño que haciendo cosas a mano. A mi criterio práctico, pondría algunos pesos más y evitaría molestias. Mi novia quiso hacer el cotillón a mano...se que va a estar muy contenta cuando lo vea en la fiesta, pero lo que reniega ahora, con el cotillón sin terminar, es bastante. Nota: el mismo problema se puede ver con los souvenirs.

Como comentarios finales, aclaro que la lista de preguntas no es exhaustiva y en todo lo que hablé no está evaluado el tiempo de buscar, preguntar, negociar precios, decepcionarse, cambiar de parecer, ilusionarse de nuevo, etc. Hay que armarse de mucha paciencia, de esa que ni la Real Academia puede definir, porque suele haber nervios, marchas y contramarchas (especialmente en las chicas, no se me ofendan, pero suele ser así). Armar una boda, con fiesta y todos los chiches, es hermoso, pero requiere poder pararse a disfrutarlo porque suele embarullar a la pareja y a todos los que la rodean. Finalmente, si alguien les habla de boda sencilla apliquen la siguiente variación de refrán: ''dime cuántos traemos y te diré si la boda es sencilla o no''.

12 de Julio de 2010 - El viejo truco de la cama falsa

Lunes por la mañana. Como ya es habitual, Juan Carlos trabaja en la pieza. Esta vez le toca remasillar las placas de yeso. Ya no está el ayudante Benito, el laburo no rinde lo que rendía al principio. Pone alguna radio con programas de chimentos, solamente para quejarse de las estupideces de las que se habla hoy en día. A medio cambiar, de pantalón de vestir y pantuflas, voy preparando el mate en la cocina mientras se calienta el agua. Sigo buscando los pasantes de la cama de madera con la vista sin éxito. No tengo idea en qué lugar de mi desorden o de la obra descansan.

Suenan historias sobre levantes pasados a medida que voy cebando. Escucho ‘’Esta mina Silvia, me la envidiaban todos en Barracas’’ y un sorbo largo al mate. Pienso que hoy no tengo ganas de ser psicólogo. Sigo escuchando ‘’6 años estuve, pero me rompieron las bolas los viejos de ella’’. Es llamativo como me pasa lo mismo en este momento: le dije al denso de mi suegro que ya tenía la cama armada para sacármelo de encima hace unos días. La cama sigue sin armarse y sospecho que viene a verificarlo cualquier día de estos. ‘’Es como te pasa a vos…este viejo podría ser más vivo en lugar de hinchar tanto’’, vuelve el mate a mis manos.

¿Casualidad o causalidad? Juan Carlos, el albañil polifuncional, recibe llamada al celular. Veo su cara transfigurarse, mutar de alegre a seria. ‘’¿Así que venís?’’ ‘’Pero no me rompas, mirá que estoy sin tiempo’’, dice me guiña el ojo. Me agarro la cabeza: sabía que iba a venir, pero esperaba que todavía no lo hiciera. Dejo la pieza mientras siguen hablando. Tengo que resolver el dilema de la cama. Se me ocurre algo, pero espero a que corte Juan Carlos para convencerlo.

Si yo estoy contrariado por la visita cuasi invasiva de mi suegro ‘’para ver cómo va la cosa’’, la cara de bronca del albañil no tiene desperdicio. ‘’Ahora me va a hacer perder todo el día hablándome del barrio y buscando detalles’’. No pude evitar reírme, pensaba ‘’a vos también te puede pasar, ¿viste?’’. Lo llamo para la pieza. Le digo ‘’lo primero que va a mirar es la cama hecha, necesito que me ayudes a armarla’’. Me dice ‘’pero faltan los tornillos, aparte ni la va mirar’’. Retruco ‘’vos lo conocerás hace 60 años, pero seguime en esta’’. Trajo el martillo y empezamos a encastrar las maderas y afirmar la estructura golpeando en las puntas.

La cama está lista, pero sólo de base. Me ve tomar las frazadas y quiere pararme: ‘’¿Qué vas a hacer? No te va a aguantar el peso’’. Le digo que me deje seguir, que espere a ver la obra terminada. Vuelvo en el tiempo mientras sigo acomodando. Recuerdo a mi tía Susana, una solterona de la misma edad de mi suegro. Es una de esas mujeres caracterizadas por esta virtud (si se le puede llamar virtud): viene a tu casa a pasar el dedo índice sobre el lugar exacto que no limpiaste para recriminar al dueño de casa. Si habremos corrido ante cada visita suya con mi mamá cuando yo era chico. Meter la ropa a presión en los armarios, limpiar con las 2 manos a toda velocidad, esconder las cosas a las apuradas para no recordar donde quedaban después.

A los pocos minutos termino la obra maestra desparramando sobre la cama armada ovillos de lana, carteras para dar, moldes de ropa y cosas ajenas a un hombre de más de 80. Cada cosa agregada al collage, con la frazada como lienzo, forma una obra maestra de la manipulación. Si mira desde afuera, la cama está armada. Si se le ocurre entrar al dormitorio y mirarla de cerca, también lo está. Pero ya no pensará en sentarse, porque no le dejé rincón para hacerlo.

Juan Carlos sigue pensando que nadie va a mirar la cama. Me cambio, saludo al albañil y salgo. Ya no quiero escuchar anécdotas de Barracas ni tengo ganas de verlo a mi suegro en casa. Tengo curiosidad durante todo el día, desconozco si el truco salió bien. No creo que haya salido mal, no hay nadie reclamando.

Es de noche y lo llamo al albañil. Veo que la cama sigue en su lugar. Me dice ‘’tenías razón pibe, la cama es lo primero que miró. Se paró en el umbral de la pieza y no entró porque vio que tenía cosas encima’’ ‘’Habló muy bien de vos por haber armado la cama, está re copado con vos tu suegro’’. Le contesto con una broma, le muestro que le creo a medias a mi suegro y se ríe conmigo. Salí del paso, pero pienso que sigo teniendo que buscar los tornillos. Mientras, el colchón cae al piso y voy desarmando la cama.

Darius
De Roma sólo el anagrama

martes, 20 de julio de 2010

9 de Julio de 2010 - Día de la dependencia al mangazo

Mangazo en puerta, ya lo veo venir. Cruzamos Santa Fe y seguimos por Scalabrini, casa de botas. ''Aaaay me podrías comprar estas, mirá que liiindas'' escucho. Mi novia, tirando su lance número 3826 para que le compre botas, cartera, lo que venga. Le digo que más adelante. Me insiste ''Vos me prometiste comprar algo de Blaqué y no fuimos''. Le respondo ''Si no te hubieras empecinado en pelearte y estar con esa actitud soberbia hubiéramos ido el sábado pasado, como te dije''. Silenzio stampa, prueba inoxidable de que tengo razón esta vez.

Pero el mangazo sigue al rato: ''¿Sabés? Yo te regalo cosas y no ando esperando a que sea una fecha especial'' Pausa. Pienso que siempre me gustó la idea de ser romántico en el noviazgo, de llevar flores, de tener atenciones, de invitar a cenar. Hace un tiempo que nada de eso cuenta como gesto positivo, es más se asume como algo común y corriente de todos los días. Le digo ''Yo estoy en los detalles y no espero fechas especiales, te dije que te iba a comprar algo, pero sos tan impaciente que si no lo querés ya, armás berrinche''.

Paramos delante de otra casa de ropa para mujer. Empiezo a aburrirme. Siento que la idea de salida no era inevitablemente salir a mirar ropa. Encuentro una casa de ropa de hombre y me pongo a ver camisas, mientras mi novia se queda pensando por qué no compró antes tal tapado que estaba de liquidación en tal lugar. En menos de un minuto recibo pequeño codazo en el costado, sonrisa de oreja a oreja: ¡¿Vamos?!. Sorprendido, pero no tanto, alcanzo a decirle ''¿A dónde??''. ''A caminar por ahí'' me dice. Que manía persecutoria, ni siquiera me deja ver ropa. Prefiere que caminemos a aburrirse ella si yo me atrevo a mirar ropa de hombre durante un rato.

Pucherito sale a escena y me susurra al oído ''Malo, yo te compro cosas''. Basta. Me aburre ver ropa y encima la tarde de 9 de Julio es una catarata de pedidos. Paro en seco delante de un umbral y le pido que suba un escalón. ''¿Me das un beso?'' le pido. Recibo cachete en lugar de labios. ''Daaaale, que te cuesta'', insisto. De nuevo cachete. Remato ''el día que me trates mejor, reconozcas que soy compañero y estoy en los detalles, ese día hablamos de los mangazos''. Otra vez silenzio stampa.

La salida mejoró, pero yo seguí con el eterno dilema: ¿en qué punto el argumento de ''ser caballero'' comienza a ser una excusa para usar al idiota que está de novio para que compre cualquier cosa que se antoja? El dilema iba a seguir abierto hasta la noche, esperarla después del ensayo de baile e ir con ella al curso prematrimonial, dos sendos detalles míos para con mi novia. De esos que se empeña en no tomarlos como detalles.

Salimos del prematrimonial, miniescaramuza por el matrimonio homosexual y nos encaminamos a lo de mi novia. Hoy cenan: sus viejos, su prima y el esposo de su prima. Pienso que por lo menos es una mesa que tiene gente sub-70. Como suele suceder en estas cenas donde todos los sentados somos parejas (y hay gente con exceso de frontalidad), empiezan a aparecer los trapitos sucios de la convivencia.

En los dos matrimonios se da la misma situación: hombres grandes con poca tendencia a colaborar con las tareas de la casa y mujeres con alto grado de alarmismo abarrotadas de quehaceres. Comentarios como ''no sabe usar el lavarropas'' ''va al super y me compra cualquier cosas'' se oponen a ''pero es una exagerada'' y ''no lleva tanto tiempo hacer eso'', entre otros clásicos. El paradigma clásico se rompió hace bastante y yo soy uno de esos casos: un tipo que estudia, trabaja y se encarga de la casa. Miro ambas veredas, la de quien se encarga de las cosas y la de hombre no alarmista, y siento que me falta un pochoclo para seguir viendo esta película.

De repente, un tema cajoneado saltó al medio: ''Pero es obvio que la casa se mantiene con tu sueldo y que el sueldo de la mujer es para que lo gaste en lo que ella quiera'' lanzó la prima. ''¿Peeerdón?'' interrumpí. ''¿Pedís igualdad en la mujer para que te mantenga otro? No sabía que de eso se trataba el feminismo''. Recibí el pequeño codazo de nuevo. Sentí complicidad entre primas y me lancé de nuevo. ''Hablás de equiparar las cosas para pasarte de la raya, es como el caso en donde ''ser caballero'' implica que el hombre pague todo''. Mirada para mi novia. Silenzio stampa.

Siguió la charla y seguí repartiendo para ambos bandos, pero ya más medido. Las señoras me vieron destruir el alarmismo por el lavado y el planchado. Los señores se horrorizaron al escuchar que sabía hacer los quehaceres de la casa. No soy un dechado de virtudes, pero la dependencia al mangazo (en todas sus formas) siempre me generó fastidio. La famosa cartera de Blaqué se siguió negociando... canjeada por otro mangazo.

Darius
De Roma sólo el anagrama





jueves, 1 de julio de 2010

17 de Junio de 2010 – Tomaste el vaso aquél…


Imágenes borrosas. Estoy despierto pero me pesa el cuerpo. Luz artificial sobre la cara. Entreabro los ojos, estoy viendo la Avenida Independencia detrás del vidrio. Escucho voces a mi alrededor, todavía viajo en el colectivo 56. No recuerdo bien qué pasó, sólo unos tragos en Kilkenny con Jorge. Pienso que falta poco para llegar pero tengo mucho sueño y mis ojos se cierran sin remedio.

Vuelvo a abrir los ojos, el colectivo casi se vació. Me siento más despierto que antes, todavía aturdido miro a ambos lados. Reconozco una autopista a la izquierda, Dellepiane. Parece Capital todavía. Me levanto y siento el mareo en todo su esplendor. Flashes de la noche: recuerdo haberle contestado mal a mi novia. Bajo rápido del colectivo y alcanzo a leer un cartel que dice Miralla. Miro el reloj, las 23.20. Que alivio no haber dormido hasta Aldo Bonzi…

Reconozco la zona, la ventaja de tener un amigo en Lugano. Sé que del otro lado pasan varios colectivos para pegar la vuelta. Cruzo el puente peatonal ya sin mareos, pero con ráfagas de AC-DC en la cabeza. Recuerdo haber hablado largo rato con Jorge, terapia de a dos, tragso de por medio. El Chivas Poker me saluda desde adentro, pero estoy bien. Lejos de vomitar, reconozco que pude haber parado antes pero necesitaba largar entripados. Los autos pasan a alta velocidad por Dellepiane mientras llego a la otra vereda. Se me va el 56; no estoy entero como para correrlo y menos para alcanzarlo, no coordino lo suficiente. Media hora de espera garantizada.

Veo al final de la cuadra una agencia de remises y gente saliendo de un restaurante. ‘’Que bueno que hay movimiento’’ ‘’Tengo más opciones para volver’’, voy pensando antes de toparme con la parada del 56. Recuerdo el entripado central. Venía de dar un parcial muy malo ante una profesora imposible. Lo había preparado en el escaso tiempo que me dejaba atender a las remodelaciones pre-casorio. Necesitaba dejar atrás el mal momento. Pero no era sólo eso. Al igual que Jorge, amigo y ex compañero de trabajo, necesitábamos un momento de terapia. No era la primera vez que sacábamos nuestras miserias, copas de por medio, a modo de terapia improvisada.

Miro mejor la cuadra, con ese tiempo extra que otorga el intuir que la espera no será corta. También paran el 7 y el 36. A esta altura de la noche cualquier colectivo sirve. Quiero llegar a casa y dormir, cerrar este día de mierda. Me conformo pensando que un mal día lo tiene cualquiera. Pero tengo la sensación de que este día fue malo por algo más. Instintivamente tomo el celular, repaso los mensajes. Termino de armar el rompecabezas de esta noche cuando leo:


''gracias por confiar en mí y querer verme para compartir solo tus buenos momentos. Gracias! Seguí disfrutando con tus compas, amigos de la noche. gracias que ellos van a ser los que van a estar a tu lado SIEMPRE. gracias.''


Esta había sido la gota que derramó el vaso, la que me provocó seguir tomando rabioso, hasta el límite. La dulce de mi novia, que ni se acordó que yo rendía parcial. Nos hablamos antes de encontrarme con Jorge. Aún con el molesto día post-examen que tenía, alcancé a averiguarle algunos datos de noche de bodas. Le comenté que necesitaba despejarme y no reaccionó, no en ese momento. Me dijo ‘’me parece bien que te despejes’’. Al rato trató de ubicarme y yo alcancé a decirle que no la escuchaba con el ruido del Kilkenny, que me mandara mensaje. Y, como broche de oro, me había enviado esa ironía como respuesta.

Seguí revolviendo los mensajes. Estaba seguro de haber respondido, pero desconocía qué tan lejos había ido al devolver el insulto. Esto es lo que encontré en la bandeja de enviados:


''gracias por no recordar mis parciales y por compartir con tus viejos mis malos momentos'' ''además, tomarse rivotril para dormir no significa compartir. gracias de nuevo''


Había tenido la lucidez de derrapar y meter los dedos en la llaga al mismo tiempo, aún con alcohol encima. No sentía una pizca de arrepentimiento, llegué a recordar lo defraudado que me sentía por su proceder cuando escribí esas líneas. Ella había elegido el peor día para olvidarse de mí, para torearme sin sentido. Me volvían en oleadas todas las veces que me había fallado; que, en lugar de ponerse de mi lado y mostrar que ‘’los de afuera son de palo’’, se había puesto del lado de sus viejos a repartir palos hacia mí. Me daba vueltas un poco el mundo, mientras seguía esperando el colectivo, dejando fluir la bronca.

Ahora también nos estábamos pareciendo en la desconfianza. Había empezado a creer desde hace un tiempo que siempre me iba a fallar en estos momentos y que no iba a poder contar con ella. ¿Tenía sentido casarse así?¿Podía construir un matrimonio con estas bases, sumándome a su desconfianza innata? Evidentemente nos debíamos sentar y hablar, sacarnos la careta y los miedos detrás de la careta. A lo lejos, el 36. 23.35 en el celular, vino antes de lo que esperaba. Hoy ya no había más margen para hablar nada en caliente. Subo y me acomodo en un asiento doble. Pienso que no tengo que pasarme de donde bajo esta vez, pero no puedo evitar dormirme cuando apoyo la cabeza en la ventanilla.


Darius

De Roma sólo el anagrama

miércoles, 30 de junio de 2010

30 de Junio de 2010 - La bestia querible

Una bestia en un traje de humano. Gorra y buzo encima; lija, llana o rodillo en mano. El negro que de negro ni los pelos tiene. Juan Carlos es uno de esos pocos honestos de la vieja escuela dando vueltas en este mundo hipócrita. Un ingeniero civil que no pudo ser, buscavida como casi nadie, atrapado por los achaques y la decadencia de sus últimos años de profesión. Vale este botón de muestra, uno de tantos diálogos.

Miércoles, 8.30 de la mañana. Sigo en el séptimo sueño desde el colchón en el piso de living. El búnker de obra agudiza el ingenio hasta para dormir pero ya me estoy despertando. Ruido de llaves en la puerta, se empieza a desvanecer toda posibilidad de fiaca. Otra vez Juan Carlos y su fiel ayudante Benito cortándome el sueño.

‘’Eeeeh, ¿todavía durmiendo?’’ me grita desde la puerta mientras levanto el colchón. Me voy estirando y le contesto que no se preocupe, que ya estaba despierto. Retruca ‘’Pero si tenés una cara de dormido que mata’’ ‘’Dale Benito, ponete la pava que vamos a prepararle un mate al pibe antes que se vaya’’. Ese ritual del mate infaltable. La bestia agarra envión para empezar el día mientras me cuenta sus problemas.

‘’Estos putos de donde compraste el Durlock, pedís 300 tornillos y te chorean 8’’ ‘’No comprés más ahí!!!’’. Le pregunto si compramos en Easy. Me dice ‘’Nooo peor, se la pasan pidiéndome el vuelto para no sé que mongo ‘’ Sorbo rabioso al mate:‘’Mierda le doy monedas con la basura de segunda que venden’’. ‘’Bueno, calmate macho’’, le contesto. ‘’No puedo, estoy hasta las pelotas’’ ‘’Este dolor en las rodillas, tengo pesadez, quiero ver el laburo ya terminado’’ ‘’Mirá que quilombo’’ señala al piso del patio donde descansan todos los cacharros. Me río para no llorar, hace 3 meses que tengo esos cacharros ahí y que tengo la casa, los hábitos, los horarios, todo revuelto. Pero vivir en obra tiene esos contratiempos. Termino el mate que me alcanzó Benito.

El monólogo cambia de tema. Escapa a la realidad y viaja a tiempos mejores, más joven, con más plata, con menos achaques. Llega al punto donde ya no siente el peso de los últimos años ‘’Cuando laburaba en Tenerife, todo era de inoxidable, no esssta porquería’’ se queja de una de las herramientas. ‘’Me acuerdo de una ecuatoriana que había allá, que canto a la mujer’’ ‘’Mirá que yo la quiero a mi señora, pero que mina…’’. Sigue con detalles de Tenerife, un libro abierto. Me habla de las calles, de la gente, de los amigos para los que trabajó allá. Se acuerda de todo: de las buenas y en especial de las malas. Me da mucha pena verlo así a un tipo que debe haber sido un toro de joven, emprendedor, reo y aguerrido. Me empieza a fastidiar el relato porque ya lo escuché varias veces: sé que necesita una oreja pero ya me la deja roja. ‘’No te enojes Daniel (a veces me confunde con mi suegro, ya me acostumbré) yo te voy a hacer el laburo’’. ‘’Aunque si fuera por tu mina (por mi novia), ya me hubiera ido hace rato’’. Agrega, ‘’el mate está re joya, Benito’’.

Cambia de vuelta el monólogo. ‘’Tu novia es buena mina, pero tiene esa bruja de la madre que llena la cabeza’’ ‘’Ojo, es buena gente, pero como te rompen las pelotas’’ Yo asiento, mientras paso el mate a Benito, que no habla pero se ríe con algunas de las frases. Sigue Juan Carlos ‘’Ahora tu suegro, me llamó ayer a las 23.30, yo ya estaba durmiendo’’. ‘’¿No lo mandaste a freír churros?’’ pregunto. ‘’Noooo es de diez el tipo, pero…(pega un sorbo al mate)…es de rompebolas’’ ‘’Además ventajero, no me pueden pedir un laburo a un precio y después pedirme que haga algo mucho más complicado por lo mismo’’. ‘’Recibo mate y devuelvo ‘’Si te lo hace a vos que te conoce de toda la vida…’’ Pienso en que hay que salir a comprar más tornillos y desvío la conversación. Se terminó la sesión de una hora y todavía no hice nada…aparte de escuchar.

Voy a la ferretería y traigo los tornillos. La bestia ya está trabajando, encima de una escalera, lijando: ‘’Te habían pintado mal acá’’ ''¿Pero ves el laburo? ¿Ves el tiempo que lleva cuando se despinta?'' Asiento con la cabeza mientras le muestro lo que compré y amago ir a la pinturería. Me frena: ‘’No te vayas’’ ‘’Sabés que las cosas que te digo no son para ponerte mal’’ ‘’Disculpame si te jodo, pasa que quiero ver las cosas terminadas, soy detallista. No te enojés, eh.’’. Le contesto que ya conozco de la obra, tuve la experiencia de vivir en una a los 7 años durante mes y medio. ‘’Por eso valorás mi laburo’’ ‘’Ves Benito, nada que ver con la suegra este’’. Me quedo y retoma el laburo. Mientras lija, va proyectando ‘’Ahora estas maderas te las aprovecho para zócalos, no gastes al pedo’’ ‘’Si nos hace falta alguna sobra de Durlock, yo te consigo, quedate tranqui’’.

Vuelvo de la pinturería con dos baldes de 4 litros. Ya es muy tarde, menos mal que no queda más pintura por encargar. Vuelvo y la bestia sigue buscando compañía. Soy el hijo que tiene y no le da bolilla. Soy el socio de obra que le facilita las cosas y no le estorba. ‘’¿Ya te vas? ¿No te quedás a comer con nosotros?’’, me dice. ‘’No puedo, me van a matar un día de estos en el laburo’’ le contesto. ‘’Bueno pibe…Ruben, que alegría tenerte por acá’’ ‘’Gracias por todo y disculpame la molestia’’ me va diciendo mientras se pone a barrer con Benito la polvareda de la lija, la amoladora, el fratacho. No se puede no querer a un tipo así, aún con sus rabietas .‘’Que tengas buen día, Juan Carlos’’, le digo cuando el reloj da las 12. Gano la puerta de salida. De fondo escucho un grito ‘’Y vos también Ruben…y quedate tranqui’’.


Darius

De Roma sólo el anagrama

martes, 8 de junio de 2010

25 de Julio de 2009 - Amor de chocolate

Arreglo los últimos detalles. Ya fui a buscar los anillos hace un rato. No tengo más margen para la sorpresa. Quise llevarla a una cena romántica, pero se me cortó el mambo con preguntas del otro lado ‘’¿y por qué cenar?’’ ‘’¿pasó algo?’’ ‘’¿por qué (justo esta vez) no vamos al cine o hacemos otra cosa?’’. Entonces hubo que improvisar, una de esas cualidades que se necesitan para sostener el amor.

El reloj marca las 13.30 y llego a casa. Llamo a la bombonería, todo está en su lugar.: ahora a vestirme. Mando mensaje misterioso al celular ‘’hoy nos podemos ver 16.30?’’. La idea original era caer a las 19.00 para el cumpleaños de mi suegro. A ella no le gusta que altere los planes de golpe, responde ‘’¿por qué tan temprano?’’. Contraataco con un verso ‘’me junté a estudiar por allá y salgo antes’’. No espero que me crea, más con lo desconfiada que es. Tomo el traje impecable del placard. Los mensajes de respuesta se siguen sucediendo ‘’daaaale contame’’ ‘’cuánto misterio…’’. No doy bolilla, sigo cambiándome.

Vuelvo a la calle. Hace frío y se sienten los nervios. Repaso inventario para no pensar: están los anillos, el traje impecable, los pañuelos, la billetera. Camino sin mirar las 8 cuadras hasta la parada de colectivo. Estoy en blanco, parece mesa de examen final. Llego a la bombonería. La dueña me muestra lo que voy a comprar, acomodamos la cajita de anillos adentro. Contesto ‘’en 15 estoy, esperame abajo’’ para no dar explicaciones

Otra vez gano la calle y la decisión me pone los nervios a punto de estallar. Acelero el paso para estar a las 4 en punto. Pienso ‘’¿yo puntual y de traje?’’ ‘’ya sé que me va a decir que sí, pero…y si cambia de idea’’. Bajo el ritmo en la última cuadra para no transpirar. Respiro hondo y doblo la ochava, la veo en la puerta. Escondo la caja a mis espaldas y la saludo con la mano. Bajó así nomás, sin producción, como me encanta.

Se hace la que no entiende. Con su sonrisa de oreja a oreja y sus pupilas como dos pelotas de ping pong. Mira el traje, me ve bien vestido. Rebota los ojos en los zapatos, trata de adivinar qué tengo escondido. Rompo el hielo, le pregunto cómo está. Cambia de tema, quiere ver la caja. Le digo ‘’me imagino que sabés por qué vine así’’, me responde ‘’yyyy no sé…capaz te vestiste bien para mí’’ Se ríe, no puede disimular que también está nerviosa. Le doy la caja y ve un corazón de chocolate. Me tira un abrazo, pero no se da cuenta. Le digo ‘’abrilo el corazón’’. Abre al medio el chocolate y yo saco la caja con los anillos, escondida entre otros corazoncitos de chocolate. Me arrodillo, al mejor estilo película, y le digo: ‘’¿te querés casar conmigo?’’ Qué largos son los segundos hasta la respuesta…eterno, interminable momento que le gusta estirar a la bruja…para decirme ‘’¿y qué tenía que contestarte?’’ y reírse a carcajadas antes de darme el sí.

Pasó un buen rato. Volví a casa para cambiarme y vestirme sencillo. El corazón de chocolate y sus anillos se quedaron descansando en el cuarto de mi novia. Toco timbre y subo con ella, toda acaramelada esta vez. El plan maestro se pone en marcha: nadie sospecha lo que los tórtolos tienen entre manos.

Cena tempranera. Todo el Tribunal de Justicia Suegral está reunido, pero hoy no hay sesión. Un par de tíos compinches colados se suman a la mesa. Empiezan degustando mis empanaditas de copetín. La charla va por los carriles normales: política, religión (¿por qué ‘’el nene’’ no es creyente como la nena?), fútbol, clima porteño, casamiento. Sí…casamiento, la eterna insistencia en cada encuentro durante los últimos dos años (sin contar ‘’el nene’’ está gordo). Mi novia se recibió y hubo que buscar otro enemigo a quien atacar: la soltería de ‘’la nena’’. Con la bruja nos lanzamos miradas furtivas, pensamos ‘’no saben lo que les espera esta noche’’.

Los argumentos iban desfilando: pasó primero el picapiedra de mi suegro con ‘’si se casan, ella te puede ayudar en la casa’’, como si ella no fuera profesional; siguió el lastimoso quejido de mi suegra ‘’yo sé que tus padres, si estuvieran vivos, querrían que te casaras’’. Hago una pausa. Considero cavernícola que la mujer, cualquiera sea, se subordine a la fuerza del garrote del casorio, es prehistórico. Además, si mis viejos estuvieran vivos, como le dije varias veces ‘’los hubieran puesto en su lugar de tal forma que ya no podrían decir ni mu’’. No me importaba esta noche, esa amargura era tapar con un dedo el solazo que representaba este momento, palpable en nuestras imborrables sonrisas.

La charla continuó con estimaciones de cuanto podía durar lo que faltaba de mi carrera y varias interrupciones de los colados, que metían paños fríos y evitaban la monotonía de la conversación. Estábamos en otra sintonía con la bruja, esperando que fuera medianoche, que viniera la torta, que se develara el misterio.

Suena el péndulo. La campanada número 12 desata el canto de feliz cumpleaños para mi suegro. Todas las luces apagadas, mientras los incautos miran las velas encendidas y mi novia corre a la pieza a buscar los anillos. Nos agarramos de la mano mientras termina la canción, ella me pasa un anillo y a los pocos segundos ya los tenemos puestos. Aplausos por el cumple y brindamos con las luces encendidas, anillos en mano. Nadie se da cuenta…excepto una tía colada, la más compinche de todas. Volvemos a brindar y empiezan a caer todos.

Durante poco más de un minuto nos sentimos Tevez en cancha de River, o Caniggia en el ’90 frente a Brasil. La sensación de golazo inesperado, de silencio impensado es una clara señal de victoria. Esa mudez que uno quisiera escuchar más seguido, sin necesidad de anillos y rituales, ese callarse en señal de respeto en lugar de atropellar al otro con verborragia. Lástima que duró solamente un instante…pero qué instante. Después, la catarata de preguntas, la conferencia de prensa que se extendería por varios días en el diario Crónica, meros detalles que apenas alcanzan a ser moño de este día, repleto de amor de chocolate.


Darius

De Roma sólo el anagrama