Esta vez voy a contar una anécdota que trasciende el tiempo, a pesar del marco cronológico que le puse. Ojalá les sirva de guía a quienes todavía no llegaron a este momento. Cuenta la Real Academia Española que existen dos palabras que, en mi opinión, definen una expresión ilusoria, que significa algo distinto a sus partes y a la idea que se desprende de ellas: boda sencilla
Según la Real Academia transcribo:
Boda: Casamiento y fiesta con que se solemniza.
Sencillo/lla:
1 Que está formado por un solo elemento, que no está compuesto de varias partes, simple.
2 Que no presenta ninguna dificultad ni tiene complicación, simple.
3 Que no tiene lujos ni adornos excesivos.
¿A cuántas personas vamos a invitar?
¿Cómo vamos a ir vestidos?
¿Dónde vamos a hacer la fiesta?
¿Qué vamos a servir?
¿Qué música vamos a pasar?
¿Hacemos cotillón?
A comienzos de marzo, tuvimos una reunión con mi novia, con forma de charla de bar para despejarnos (eso pensé...mala mía, va de nuevo), en la que surgió la romántica idea de hacer una boda sencilla. Lo que nos inspiró fue la siguiente frase que me dijo ella: ''Me acuerdo que cuando mis padres se casaron (por mis suegros), hicieron algo sencillo, 30 ó 40 personas en casa de mi mamá, y listo. Mi mamá no se casó de blanco porque priorizó no gastar de más y comprar una casa''. Ahora bien, imagino que la sencillez debe ser un concepto muuuy relativo, evaluable según la respuesta a las siguientes cuestiones:
¿A cuántas personas vamos a invitar?
Cuando escuché ese comentario le sugerí que armemos una lista a ojo para ver cuantos invitamos y para ver qué se hacía al respecto. Con el tiempo sucedió que los invitados se fueron multiplicando como conejos y, cuando quisimos acordarnos, cada uno llevaba más que los magros 30 invitados totales del inicio...especialmente ella que casi me dobla en número en la actualidad.
¿Cómo vamos a ir vestidos?
Yo pensé en usar un traje casi nuevo que tengo, el cual usé 2 veces nomás. Sabía que ella pensaba ir de blanco, pero desconozco (y desconoceré hasta el altar) su diseño de vestido por la famosa tradición de sorprender al novio. Espero no caerme de espaldas en el mal sentido cuando la vea...en fin. Pasados 2 meses vino con un recorte de una revista de novias, donde había un supuesto novio luciendo un jacket negro con corte pingüino, chaleco, plastón y galas varias y me dijo ''aaaaaaaaay con esto te verías diviiiino...pero en azul oscuro''. Pensé que eso se iba muy lejos de lo sencillo. En efecto, a los pocos días averigué que hacerlo salía poir lo menos 5 veces el precio de un traje standard y que debería alquilar, lo cual recomiendo si se usa una prenda de etiqueta (léase también levitón, frac, smoking, etc.). No quiero ni preguntar por el vestido de novia. Aún así, de simple no tiene nada.
¿Dónde vamos a hacer la fiesta?
En la idea original había una contradicción: la fiesta sería para pocos, pero habría un salón de alrededor de 200 personas de capacidad. Se puede argumentar que uno pone tabiques y achica el salón. Es cierto. Pero también lo es que a salón más grande (al igual que en una casa) uno más chiches quiere meter para no verlo vacío... y se tienta. Como era de esperar por mi comentario, nos tentamos!
¿Qué vamos a servir?
La verdad es que esta pregunta está atada a cuánta gente se invita. Si uno invita más de 50 personas, la fiesta automáticamente deja de ser sencilla y se convierte en una con todas las tandas de comidas conocidas en un salón, salvo que se elija tener a los que asisten en sillones y/o de pie y se bandejea o se hace alguna suerte de islas de comida durante todo el evento. Los números y la complejidad del evento pasan a depender de la cantidad de mozos necesarios y, por ya estar hablando de un salón, de otros chiches como coordinación con disc jockey, barra, show y otros.
¿Qué música vamos a pasar?
De nuevo, para 30 ó 40, alcanza con una casa, un amigo que se ofrezca a tocar instrumentos o uno más o menos canchero con algún buen equipo de audio. Pasado ese límite es disc jockey, show, karaoke o afín que puedan contratarse, el cual suele cobrar en función de la cantidad de personas y duración del evento, como es de esperarse. Nota: el mismo tratamiento recibe el tema de la barra de tragos, video y fotos: lo que pueden improvisar un par de amigos que conocen (siendo pocos invitados) se vuelve formal y con necesidad de organizarlo, aunque sea poco complejo.
¿Hacemos cotillón?
Desde las míticas épocas de carnavales, y pasando por el más contemporáneo ''carnaval carioca'', siempre se ha buscado adornar el festejo con cornetas, matracas, máscaras, guirnaldas, juguetes, etc. En un comienzo mi novia averiguó cuanto cobraban las casas de cotillón. Los números eran abultados y había que decidir si se hacía en casa o se compraba. La ventaja de comprar es que se tacha una cosa de la lista de quehaceres, pero la desventaja es que se gasta más plata y se puede personalizar menos el diseño que haciendo cosas a mano. A mi criterio práctico, pondría algunos pesos más y evitaría molestias. Mi novia quiso hacer el cotillón a mano...se que va a estar muy contenta cuando lo vea en la fiesta, pero lo que reniega ahora, con el cotillón sin terminar, es bastante. Nota: el mismo problema se puede ver con los souvenirs.
Como comentarios finales, aclaro que la lista de preguntas no es exhaustiva y en todo lo que hablé no está evaluado el tiempo de buscar, preguntar, negociar precios, decepcionarse, cambiar de parecer, ilusionarse de nuevo, etc. Hay que armarse de mucha paciencia, de esa que ni la Real Academia puede definir, porque suele haber nervios, marchas y contramarchas (especialmente en las chicas, no se me ofendan, pero suele ser así). Armar una boda, con fiesta y todos los chiches, es hermoso, pero requiere poder pararse a disfrutarlo porque suele embarullar a la pareja y a todos los que la rodean. Finalmente, si alguien les habla de boda sencilla apliquen la siguiente variación de refrán: ''dime cuántos traemos y te diré si la boda es sencilla o no''.
Como comentarios finales, aclaro que la lista de preguntas no es exhaustiva y en todo lo que hablé no está evaluado el tiempo de buscar, preguntar, negociar precios, decepcionarse, cambiar de parecer, ilusionarse de nuevo, etc. Hay que armarse de mucha paciencia, de esa que ni la Real Academia puede definir, porque suele haber nervios, marchas y contramarchas (especialmente en las chicas, no se me ofendan, pero suele ser así). Armar una boda, con fiesta y todos los chiches, es hermoso, pero requiere poder pararse a disfrutarlo porque suele embarullar a la pareja y a todos los que la rodean. Finalmente, si alguien les habla de boda sencilla apliquen la siguiente variación de refrán: ''dime cuántos traemos y te diré si la boda es sencilla o no''.
Lo que pasa es que primero vos no entendes nada. Segundo que desde que se casaron tus suegros hasta ahora, el término "sencillo" sufrió los estragos de la hiperinflación. Asi que toda la culpa la tiene el Indec.
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