martes, 20 de julio de 2010

9 de Julio de 2010 - Día de la dependencia al mangazo

Mangazo en puerta, ya lo veo venir. Cruzamos Santa Fe y seguimos por Scalabrini, casa de botas. ''Aaaay me podrías comprar estas, mirá que liiindas'' escucho. Mi novia, tirando su lance número 3826 para que le compre botas, cartera, lo que venga. Le digo que más adelante. Me insiste ''Vos me prometiste comprar algo de Blaqué y no fuimos''. Le respondo ''Si no te hubieras empecinado en pelearte y estar con esa actitud soberbia hubiéramos ido el sábado pasado, como te dije''. Silenzio stampa, prueba inoxidable de que tengo razón esta vez.

Pero el mangazo sigue al rato: ''¿Sabés? Yo te regalo cosas y no ando esperando a que sea una fecha especial'' Pausa. Pienso que siempre me gustó la idea de ser romántico en el noviazgo, de llevar flores, de tener atenciones, de invitar a cenar. Hace un tiempo que nada de eso cuenta como gesto positivo, es más se asume como algo común y corriente de todos los días. Le digo ''Yo estoy en los detalles y no espero fechas especiales, te dije que te iba a comprar algo, pero sos tan impaciente que si no lo querés ya, armás berrinche''.

Paramos delante de otra casa de ropa para mujer. Empiezo a aburrirme. Siento que la idea de salida no era inevitablemente salir a mirar ropa. Encuentro una casa de ropa de hombre y me pongo a ver camisas, mientras mi novia se queda pensando por qué no compró antes tal tapado que estaba de liquidación en tal lugar. En menos de un minuto recibo pequeño codazo en el costado, sonrisa de oreja a oreja: ¡¿Vamos?!. Sorprendido, pero no tanto, alcanzo a decirle ''¿A dónde??''. ''A caminar por ahí'' me dice. Que manía persecutoria, ni siquiera me deja ver ropa. Prefiere que caminemos a aburrirse ella si yo me atrevo a mirar ropa de hombre durante un rato.

Pucherito sale a escena y me susurra al oído ''Malo, yo te compro cosas''. Basta. Me aburre ver ropa y encima la tarde de 9 de Julio es una catarata de pedidos. Paro en seco delante de un umbral y le pido que suba un escalón. ''¿Me das un beso?'' le pido. Recibo cachete en lugar de labios. ''Daaaale, que te cuesta'', insisto. De nuevo cachete. Remato ''el día que me trates mejor, reconozcas que soy compañero y estoy en los detalles, ese día hablamos de los mangazos''. Otra vez silenzio stampa.

La salida mejoró, pero yo seguí con el eterno dilema: ¿en qué punto el argumento de ''ser caballero'' comienza a ser una excusa para usar al idiota que está de novio para que compre cualquier cosa que se antoja? El dilema iba a seguir abierto hasta la noche, esperarla después del ensayo de baile e ir con ella al curso prematrimonial, dos sendos detalles míos para con mi novia. De esos que se empeña en no tomarlos como detalles.

Salimos del prematrimonial, miniescaramuza por el matrimonio homosexual y nos encaminamos a lo de mi novia. Hoy cenan: sus viejos, su prima y el esposo de su prima. Pienso que por lo menos es una mesa que tiene gente sub-70. Como suele suceder en estas cenas donde todos los sentados somos parejas (y hay gente con exceso de frontalidad), empiezan a aparecer los trapitos sucios de la convivencia.

En los dos matrimonios se da la misma situación: hombres grandes con poca tendencia a colaborar con las tareas de la casa y mujeres con alto grado de alarmismo abarrotadas de quehaceres. Comentarios como ''no sabe usar el lavarropas'' ''va al super y me compra cualquier cosas'' se oponen a ''pero es una exagerada'' y ''no lleva tanto tiempo hacer eso'', entre otros clásicos. El paradigma clásico se rompió hace bastante y yo soy uno de esos casos: un tipo que estudia, trabaja y se encarga de la casa. Miro ambas veredas, la de quien se encarga de las cosas y la de hombre no alarmista, y siento que me falta un pochoclo para seguir viendo esta película.

De repente, un tema cajoneado saltó al medio: ''Pero es obvio que la casa se mantiene con tu sueldo y que el sueldo de la mujer es para que lo gaste en lo que ella quiera'' lanzó la prima. ''¿Peeerdón?'' interrumpí. ''¿Pedís igualdad en la mujer para que te mantenga otro? No sabía que de eso se trataba el feminismo''. Recibí el pequeño codazo de nuevo. Sentí complicidad entre primas y me lancé de nuevo. ''Hablás de equiparar las cosas para pasarte de la raya, es como el caso en donde ''ser caballero'' implica que el hombre pague todo''. Mirada para mi novia. Silenzio stampa.

Siguió la charla y seguí repartiendo para ambos bandos, pero ya más medido. Las señoras me vieron destruir el alarmismo por el lavado y el planchado. Los señores se horrorizaron al escuchar que sabía hacer los quehaceres de la casa. No soy un dechado de virtudes, pero la dependencia al mangazo (en todas sus formas) siempre me generó fastidio. La famosa cartera de Blaqué se siguió negociando... canjeada por otro mangazo.

Darius
De Roma sólo el anagrama





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