miércoles, 2 de junio de 2010

22 de Mayo de 2010 – Rivotril con papas

Sábado por la mañana. Vienen a presupuestar el enésimo arreglo para hacer. También tiene que venir mi novia, pero no aparece. Imagino que se quedó dormida, porque viene mi suegro con el carpintero. Agradezco su ayuda, lástima que sea tan denso, siempre al borde de imponer las mismas cosas. Espero no ser así de insistente cuando sea padre.

El carpintero toma medidas, pasa precios más accesibles que los oportunistas de siempre. Parece magia: uno nombra la palabra ‘casamiento’ o ‘remodelación’ y a muchos les brillan los signos pesos en los ojos y juntan los dedos al mejor estilo Burns. A este hombre ya lo habíamos visitado 2 semanas atrás con mi novia, parecía macanudo. Quedamos en contacto y el señor se va.

Debí haber pasado por el baño a buscar el champú. A solas con mi suegro empieza el lavado de cabeza. ‘’Vos deberías contemplar que ella está cansada’’, debe pensar que soy un zombie que no duerme. ‘’Tenés que entender que esto es mucho para ella y hay muy poco tiempo’’. Le respondo que faltan 4 meses y los arreglos en casa llevarán 1 mes más. Retruca ‘’Pero vos podés contar con nosotros’’. Pienso que es cierto, pero lamentablemente pesan mis 9 años de soledad. Esos años me enseñaron que los que te hacen favores te pasan factura, y que podría esperar de mis suegros una factura más larga que cualquier papiro egipcio. Basta con mirar el acelere que le imprimen a todo lo que hay que hacer; las expresiones ‘’no hay tiempo’’ ‘’el tiempo pasa volando’’ enmascaran el apuro que siempre tuvieron por ‘’casar a la nena’’. Ni hablar del contradictorio ‘’uds. Deberían disfrutar esto’’ mientras siguen pisando el acelerador en lugar del freno.

Le digo que no se puede hacer todo a las apuradas, al ritmo de ellos. Que las cosas se están haciendo, que no estoy gratuitamente hace mes y medio viviendo en medio de una obra porque tengo mi vida en casa y no puedo mudar todo lo que necesito de un día para otro. Tengo otra velocidad, otras preocupaciones que contemplar al mismo tiempo, mantengo una casa. No importa, para ellos siempre ‘’la nena’’ y su intención de hacer el bien de cualquier forma está primero. Y de veras puedo entender hasta cierto punto lo de la nena….pero lo de pasar siempre por encima mío y de ceder siempre yo, la verdad que no. Como de costumbre quedamos en nada, cada uno con su punto de vista y con la sensación de que el otro no escucha. Mi suegro se va.

Rato después se empieza a armar el rompecabezas. Llama mi suegro para avisarme que la nena está ‘’boleada’’. Que no se levanta y que apenas responde cuando la despiertan y se vuelve a dormir. Se cruza por mi cabeza que tal vez tomó algo para dormir y se pasó con la dosis. Varias horas después llama de nuevo para decirme si podía ir a verla a ‘’la nena’’. Estos pedidos suelen encerrar quilombo en su casa y situaciones de extenso traqueteo donde yo paso de villano de película a mediador universal, como cuando uno hace zapping frente al televisor. Efectivamente tomó algo que no debía o en una dosis exagerada. Tengo ganas de verla, de ver qué pasó, pero ningún interés en contener a sus viejos. Extiendo mi rato de estudio hasta donde puedo y voy.

Saludo a mis suegros, caras muy largas, kilométricas. Mi novia en su habitación, paso a verla. Está cambiándose, apenas coordina los movimientos, sensación de resaca extendida. Le pregunto cómo se siente: me dice ‘’con sueño, pero necesito salir’’. Le contesto ‘’¿estás segura? Tu viejo nos mata por menos que eso’’. Su sonrisa sale forzada, con delay. Me dice ‘’sí, sino me van a volver loca’’ y agrega ‘’si no salgo, es como hacerte venir al pedo, para eso sigo durmiendo’’. Accedo a negociar con mi suegro, el mismo que nos llama enojado si la nena está volviendo después de las 4.30 de la mañana. Lo convenzo ‘’la llevo y la traigo, una horita nomás….dijo que necesita despejarse’’. Me dice ‘’preguntale a ver por qué hizo esto’’. Esquivé al servicio de inteligencia con un ‘’veo que puedo hacer porque está boleada’’.

Vamos a cenar. Se sostiene fuerte de mi brazo para poder caminar. Casi no hablamos, solamente cosas sobre cómo se siente y adónde vamos a comer. Llegamos al restaurant. Ensalada caesar y bondiola con papas en mesa, empieza la charla en serio. Entre temas de casorio que apenas registra por el sueño, se va colando la situación de ella, por qué está así, qué la impulsó a tomar las pastillas: ‘’necesitaba dormir, venía muy saturada’’ ‘’no paran de llenarme la cabeza’’. La catarata siguió, después de algunos mimos y varias pausas alimenticias: ‘’yo quiero estar tranquila, pero es un hervidero todo el tiempo’’ ‘’lo peor es que siempre caen como víctimas porque dicen que todo es para nuestro bien’’. No quise aportar leña al fuego de lo que ya es obvio.

Camino de vuelta me seguían sonando: ‘’si podía, me hubiera bajado el frasco entero de pastillas’’ y ‘’necesito escaparme a algún lado’’. Había tratado de calmarla, pero ahora estaba mal yo. Nos esperaban para comer, pero más que nada para interrogarnos. Sentados a la mesa, sin ganas de comer o de hablar con ellos, yo agradecía a Argentinos Juniors por haber salido campeón y darme tema de charla con mi suegro, para entretenerlo mientras mi novia, caída de sueño se iba a su pieza.

Al rato mi suegro se levanta: mi novia había ido a la pieza de sus padres en lugar de la suya. Parece que revolvía cajones, mis suegros pensaban que estaba buscando pastillas de nuevo y la mandaron a la cama sin postre. Así comenzó el diván: me pegaba el cansancio y el stress de la semana, del sábado y ahora además veía como mis orejas se ponían rojas de tanto bla bla. Desde los comprensibles ‘’¿vos la viste?’’ ‘’no puede hacer esto para dormir’’ hasta los dignos de paparazzi ‘’¿pero te dijo por qué lo hizo?’’ ‘’¿te dijo cuántas tomó?’’ pasando por todos los preparativos de casorio, respondiéndose antes de querer realmente una respuesta.

Fue mejor que ser villano, pero mis neuronas, después de 2 horas de bombardeo, pidieron algunos shots con amigos para poder volver a la normalidad. Lo peor del caso fue preguntarle al día siguiente a mi novia si recordaba cosas…sólo se acordaba de haber dormido mucho, de que fui a visitarla….y de las papas de la bondiola.

Darius

De Roma sólo el anagrama

No hay comentarios:

Publicar un comentario